Con la rápida urbanización, la creciente densidad de población y la industrialización, las plantas de tratamiento de aguas residuales de todo el mundo enfrentan desafíos sin precedentes.
Cada año se generan unos asombrosos 380 mil millones de m3 de aguas residuales, y se estima que esta cifra aumentará un 24% para 2030.
A medida que aumenta el volumen de aguas residuales, también aumenta la necesidad de soluciones eficaces para el tratamiento de aguas residuales.
Sin embargo, una de las principales causas de preocupación en las plantas de tratamiento de aguas residuales es la ineficiencia de las poblaciones microbianas autóctonas para tratar las aguas residuales de forma segura.
Esta ineficiencia supone un mayor riesgo de propagación de enfermedades y de contaminación ambiental, especialmente cuando las aguas residuales tratadas se reutilizan para el inodoro y para la jardinería.
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El tratamiento de aguas residuales sigue tres etapas: tratamiento primario, tratamiento secundario y tratamiento terciario.
El tratamiento primario implica la eliminación de sólidos suspendidos a través de procesos físicos, el tratamiento secundario implica la degradación de la materia orgánica y el proceso terciario implica el tratamiento final y la desinfección para completar de manera segura el tratamiento de aguas residuales antes de su liberación.